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MODELO NORDOFF ROBBINS en musicoterapia

  • DAVID GAMELLA
  • 2 ago 2025
  • 4 Min. de lectura

Los fundamentos, técnicas y aplicaciones de la musicoterapia individualizada, basada en las obras pioneras de Paul Nordoff y Clive Robbins dieron como resultado el modelo de musicoterapia creativa. A través de ejemplos clínicos, conceptos teóricos y metodologías prácticas, descubriremos cómo la música puede ser un puente hacia la comunicación, la expresión y el crecimiento personal en niños con diversas discapacidades y trastornos emocionales.

La musicoterapia creativa, en su esencia, es un proceso de interacción artística y terapéutica que busca activar y desarrollar las capacidades musicales y emocionales de cada niño. Desde sus inicios en los años 60, esta disciplina se ha fundamentado en la creencia de que la música no solo es un arte, sino también un medio poderoso para la transformación personal y social. Paul Nordoff, un compositor y educador, junto con Clive Robbins, un innovador en el campo del trabajo con niños discapacitados, desarrollaron un enfoque que pone en el centro la creatividad musical como una herramienta de comunicación y crecimiento. Su método se basa en la creación de un entorno musical individualizado, donde el niño se involucra activamente en la improvisación, el juego y la expresión personal, en un proceso que respeta y fomenta su ritmo, su tono y su mundo interno.


Para comprender cómo funciona esta terapia, es fundamental entender el concepto del 'Niño Musical'. Este término se refiere a la sensibilidad innata y la potencialidad creativa que cada niño posee en relación con la música. La intervención terapéutica busca despertar y ampliar esa musicalidad, que puede estar oculta o inhibida por las discapacidades, los miedos o las dificultades emocionales. La música, en este contexto, actúa como un lenguaje universal y una vía de acceso a la expresión auténtica del niño, permitiendo que sus respuestas sean interpretadas y acompañadas por el terapeuta en un proceso de descubrimiento mutuo.


Uno de los aspectos clave en la técnica de Nordoff y Robbins es la creación de un ambiente musical emocionalmente seguro y estimulante. Esto implica que el terapeuta debe ser sensible a las respuestas del niño, adaptando la música y las actividades a su estado emocional, su nivel de desarrollo y sus intereses. La improvisación es la herramienta principal, ya que permite al niño responder en su propio ritmo y estilo, sin restricciones ni expectativas rígidas. La improvisación no es solo un acto artístico, sino también un acto terapéutico que favorece la integración emocional, la percepción y la comunicación.


En la práctica clínica, se utilizan diversos recursos musicales: instrumentos sencillos, canciones precompuestas, escalas, ritmos y formas de canto que se ajustan a las capacidades del niño. La elección del material musical se realiza en función de la respuesta del niño, buscando siempre potenciar su participación y su sentido de logro. Por ejemplo, en un caso típico, un niño con autismo puede comenzar con movimientos repetitivos y respuestas fragmentadas, pero a través de la improvisación musical, puede empezar a expresar emociones, a establecer contacto visual y a participar en un diálogo sonoro que va enriqueciendo su mundo interno.


La técnica de 'crear un entorno musical emocional' es fundamental. Esto significa que el terapeuta debe ser un creador de atmósferas musicales que reflejen y modulen las emociones del niño. La música puede ser calmante, estimulante, alegre o introspectiva, según las necesidades del momento. La clave está en la sensibilidad del terapeuta para leer las señales del niño y responder con una música que invite a la participación, que reduzca las barreras y que fomente la confianza.


Un ejemplo práctico de esta técnica es el uso de improvisaciones en las que el niño y el terapeuta construyen juntos una narrativa musical. Por ejemplo, si un niño muestra ansiedad o rechazo, el terapeuta puede comenzar con sonidos suaves y lentos, acompañando los movimientos del niño, y gradualmente ir introduciendo ritmos y melodías que inviten a la exploración y a la expresión. Si el niño responde con movimientos o vocalizaciones, el terapeuta los acompaña y los amplía, creando un ciclo de interacción que fortalece la relación y favorece la comunicación.


Otra técnica importante es el 'uso de la música para poner en movimiento los gestos y las respuestas no verbales'. Muchos niños con discapacidades severas no tienen un lenguaje verbal desarrollado, pero sí poseen respuestas motoras, gestos o sonidos que pueden ser estimulados y canalizados a través de la música. Por ejemplo, un niño que golpea repetidamente un objeto puede ser invitado a improvisar ritmos con instrumentos, o un niño que se retira puede ser acompañado en un movimiento de acercamiento y alejamiento musical que refleje su estado interno.



El trabajo con el ritmo es también una pieza clave en la terapia Nordoff Robbins. La percepción y el control del ritmo ayudan a organizar las respuestas emocionales y motoras del niño. Se utilizan patrones rítmicos sencillos, improvisaciones con percusión, y la creación de estructuras musicales que permitan al niño experimentar la continuidad, la anticipación y el logro. La idea es que, a través del ritmo, el niño pueda sentir un orden interno, una coherencia en su mundo y en su relación con los demás.


La evaluación en esta terapia se realiza mediante escalas que miden la relación entre el niño y el terapeuta, la musicalidad expresada y la participación en las actividades. Estas escalas permiten observar el progreso en diferentes niveles, desde la simple percepción hasta la participación activa y la comunicación musical plena. La evaluación no es solo un registro de respuestas, sino también un espejo de la evolución emocional y social del niño, que orienta las intervenciones futuras.


El desarrollo de recursos musicales es otra dimensión importante. El terapeuta debe ampliar su repertorio de canciones, escalas, patrones y técnicas improvisatorias, para poder responder a las necesidades cambiantes del niño. La creatividad en la selección y adaptación del material musical es esencial para mantener vivo el proceso terapéutico y promover la autonomía musical del niño.


David J. Gamella

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