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Neuroquímica de la música

  • DAVID GAMELLA
  • 27 nov 2025
  • 5 Min. de lectura
guía para entender qué cambia por dentro cuando intervenimos con sonido

En musicoterapia hay escenas que se repiten con una familiaridad que casi engaña. Un paciente que llega “apagado” y, al cabo de unos minutos, empieza a sostener la mirada. Una persona ansiosa que, sin indicación explícita, alarga la exhalación cuando el fraseo musical se lo permite. Un grupo que entra disperso y sale con un “nosotros” más claro. No son milagros ni metáforas: son cambios observables en conducta, fisiología y relación. La neuroquímica ofrece un lenguaje para describir parte de ese tránsito.

Esta entrada se sitúa en esa capa: cómo la música modula sistemas neuroquímicos asociados a recompensa, estrés, afiliación social, dolor y sueño. La referencia de marco aquí es la revisión de Chanda y Levitin, The neurochemistry of music (2013), que organiza la evidencia alrededor de cuatro dominios de salud: recompensa, estrés, inmunidad y afiliación social. Nuestra pregunta clínica permanece: ¿qué implica esto para diseñar intervenciones musicoterapéuticas más precisas y seguras?


1) Recompensa y motivación: dopamina y opioides endógenos

La música placentera —la que “engancha”, la que produce escalofríos o chills— ha sido asociada en estudios de neuroimagen con actividad en el sistema de recompensa, incluyendo núcleo accumbens, estriado dorsal y regiones prefrontales implicadas en anticipación y valoración del placer. En este marco, la dopamina no se entiende como “química de la felicidad”, sino como un modulador de motivación, búsqueda de recompensa y aprendizaje por refuerzo: facilita iniciar una acción, sostenerla y repetirla cuando la experiencia resulta valiosa.

En paralelo, el sistema de opioides endógenos (incluyendo β-endorfinas) se vincula a sensaciones de placer, calma y cierta analgesia. En términos funcionales, dopamina y opioides ayudan a explicar por qué la música puede ser “adhesiva”: no solo acompaña, sino que puede incrementar adherencia a tareas exigentes.

Implicación clínica (sin simplificar):

  • En anhedonia (disminución de capacidad para experimentar placer e interés), la música puede funcionar como una vía de acceso a la recompensa sin exigir de entrada grandes recursos verbales o cognitivos.

  • En rehabilitación o en procesos donde el esfuerzo y la fatiga son altos, la producción musical (más que la escucha pasiva) suele ser una palanca para la motivación: ofrece agencia, feedback inmediato y sentido de logro.

  • Hablar de “micro-dosis” de placer seguro es útil si se entiende como diseño cuidadoso: placer sí, pero con evaluación del riesgo de sobre-activación (maniaconductas, trauma, hipersensibilidad sensorial, etc.).


2) Estrés y eje HPA: catecolaminas y cortisol (la música como regulador, no como sedante)

El estrés se sostiene en dos engranajes complementarios:

  1. Respuesta rápida (segundos–minutos): activación del sistema simpático, con liberación de adrenalina y noradrenalina, orientada a la acción (alerta, tensión, respiración más activa).

  2. Respuesta más lenta/sostenida (minutos–horas): eje HPA (hipotálamo–hipófisis–adrenal), con producción de cortisol, que ayuda a mantener energía disponible y modula inflamación.

Un punto académico importante: el cortisol no es “malo”. Es adaptativo. El problema clínico aparece cuando la respuesta se cronifica y se desorganizan sueño, recuperación, ánimo y dolor.

En la literatura, la música se ha estudiado como modulador de estrés y arousal (nivel de activación). En estrés inducido en laboratorio, escuchar música tras un estresor puede asociarse a una recuperación fisiológica más eficiente y, en algunos estudios, a picos de cortisol más suaves, con resultados variables. En entornos clínicos (procedimientos quirúrgicos, UCI, hospitalización), intervenciones con música y/o musicoterapia se han asociado en algunos diseños a reducción de marcadores de estrés, incluyendo cortisol, aunque las revisiones recuerdan heterogeneidad de contextos, medidas y calidad metodológica.

Lo clínicamente útil aquí es el concepto de “dial”:

  • La música puede bajar activación cuando hay hiperalerta.

  • Pero también puede subir activación útil cuando hay apatía o enlentecimiento.

  • Y, sobre todo, puede trabajar una meta más sofisticada: flexibilidad regulatoria (poder subir y bajar sin desbordarse).

Implicación clínica:

  • No toda música relaja. La eficacia depende de preferencia, control/elección, seguridad del contexto, tempo/intensidad, previsibilidad y acompañamiento terapéutico (co-regulación).

  • En musicoterapia, regular estrés no es “sedar”: es restaurar margen de maniobra.


3) Afiliación social: oxitocina, endorfinas y la arquitectura del vínculo

Si el estrés nos orienta a supervivencia, la afiliación social nos orienta a seguridad interpersonal. La música es especialmente potente en este dominio porque combina emoción, sincronía y significado compartido.

La oxitocina se relaciona con apego, confianza y prosocialidad, pero de forma contextual: no es un interruptor automático. En algunos entornos clínicos de cuidado se han observado asociaciones entre música relajante y cambios en oxitocina (según diseño y tipo de medida), y también resultados no lineales (p. ej., patrones distintos en canto grupal vs individual). Esto no invalida el papel afiliativo; recuerda que el fenómeno es complejo (contexto, historia interpersonal, tipo de tarea, método de medición).

Las endorfinas aportan otro carril explicativo: bienestar, analgesia ligera y cohesión. Dado lo difícil de medirlas directamente, se usan a menudo proxies como aumento de umbral/tolerancia al dolor tras actividades sincronizadas (canto, danza). Además, actividades como cantar juntos muestran un conocido “efecto rompehielos”: aceleran comodidad, coordinación y sentido de pertenencia en desconocidos.

Implicación clínica:

  • En grupos terapéuticos (salud mental, crónicos, Parkinson, oncología), el resultado “fuerte” muchas veces es pertenencia y adherencia: alguien sostiene el proceso porque el grupo lo sostiene.

  • En familia, duelo o díadas madre–bebé, la música facilita co-regulación, turn-taking y expresión cuando el lenguaje verbal está bloqueado.


4) Dolor: analgesia endógena y contexto (opioides + endocannabinoides + cognición)

La analgesia musical rara vez es un solo mecanismo. Funciona como una constelación:

  • Atención y expectativas: sentido, predictibilidad, “esto me ayuda”, control.

  • Arousal: menos alarma simpática puede reducir amplificación del dolor.

  • Recompensa/analgesia endógena: opioides (endorfinas) y, en algunos estudios, participación del sistema endocannabinoide.

En música activa (cantar, tocar, moverse), hay hallazgos relativamente consistentes de aumento del umbral/tolerancia al dolor, interpretado como indicador indirecto compatible con endorfinas. En cuanto a endocannabinoides (p. ej., anandamida/AEA), hay estudios que reportan incrementos tras canto en coro junto con mejora emocional. Aun así, un matiz crucial: la analgesia puede depender mucho de contexto y expectativas, por lo que la relación terapéutica y el diseño importan tanto como la “vía bioquímica”.

Implicación clínica:

  • La música puede ser adyuvante no farmacológico útil en procedimientos, curas o rehabilitación.

  • Potenciar la analgesia suele requerir agencia: elección del paciente, posibilidad de parar/seguir, participación activa cuando sea posible.


5) Sueño y ritmos biológicos: melatonina, cortisol y la música como señal temporal

El sueño es fisiología, pero también es temporalidad. Dos ritmos dialogan:

  • La melatonina asciende en tarde-noche como señal de noche.

  • El cortisol sigue un patrón contrario (más alto por la mañana, más bajo por la noche).

En hospitalización/UCI esos relojes se alteran por luz, ruido, dolor, medicación y estrés. En ese contexto, la música puede actuar como marcador de transición: reduce activación, disminuye rumiación, aporta predictibilidad y sensación de control y compite con ruido ambiental. En revisiones, la mejora de sueño subjetivo aparece con bastante consistencia; los cambios en biomarcadores (melatonina/cortisol) son más variables por confusores y por limitaciones de medición.

Implicación clínica:

  • Integrar música en rutinas estables de higiene del sueño (misma franja, estímulos estables y control del paciente).

  • Entender la musicoterapia como intervención sobre ritmos, no solo sobre emoción.


La relación entre parámetros y efecto no es lineal; es contextual.


Cuando hay elección, seguridad, co-regulación y un objetivo claro, el “mecanismo” neuroquímico se vuelve clínicamente relevante. Sin eso, puede quedarse en música “bonita” sin impacto o, peor, activar de forma no deseada.

El cerebro como centro de procesamiento de la música
El cerebro como centro de procesamiento de la música

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